Veintiún asistentes especializados que, además de responder, ejecutan. Cargan horas, atienden reclamos, leen documentos, arman informes y persiguen los correos que nadie contestó — se lo pide en lenguaje común y queda hecho.
Hay una franja del día que no está en ningún sistema: cargar las horas, contestar un reclamo, leer el pliego que llegó, seguir el correo que nadie respondió. Depende de que una persona lo haga, y de que se acuerde de hacerlo.
Un equipo de asistentes que entiende cómo está organizada la empresa —quién es cada persona, en qué área trabaja y qué le corresponde— y que se ocupa de esa franja.
No es un asistente que conversa y poco más. Ejecuta. Atiende reclamos, carga y aprueba horas, factura, procesa archivos, administra el correo, arma informes y corre tareas por su cuenta — cada cosa con su propio especialista.
Cada asistente domina un terreno y tiene sus propias herramientas: acciones concretas que ejecuta, no respuestas que redacta. El sistema decide solo a cuál derivar cada pedido, y se consultan entre ellos cuando algo abarca más de un tema.
Algunas herramientas las comparten varios asistentes —la memoria, por ejemplo, la usan todos—, así que la suma del cuadro supera el total de herramientas distintas del sistema.
Un pedido puede pasar por varios. "Armá el informe de horas del mes y mandáselo a Contaduría" involucra a tres especialistas distintos: se delegan el trabajo entre sí conservando los permisos de quien preguntó, y la persona recibe una sola respuesta.
Los criterios internos, las excepciones de cada cliente y los procedimientos que la empresa cargó, respondidos en lenguaje común y con memoria de lo conversado.
Se sube un pliego, un contrato o una planilla y se le pregunta lo puntual, sin leerlo entero.
Word, Excel y PDF con gráficos, listos para descargar o para que salgan por correo a quien corresponda.
Cuando la respuesta no está adentro: internet, noticias, cotizaciones y lectura de una página puntual.
Numeración automática, categorías propias, comentarios internos que sólo ven los responsables y un circuito de estados controlado.
Todo cambio de estado, prioridad o responsable queda registrado con quién lo hizo y cuándo.
Carga desde el chat, envío a aprobación, revisión y cierre. Sólo lo aprobado llega a una factura.
Planes, contratos particulares por cliente, datos fiscales, tipo de cambio con historial y facturas consolidadas.
Descripción del contenido, lectura de texto en la imagen y análisis de documentos escaneados o fotografiados.
Transcripción completa, detección del idioma, resumen si es largo y respuesta a lo que se pregunta dentro del audio.
Extracción de texto de PDF —incluso escaneados—, Word y Excel, con lectura de tablas.
Leer, enviar y organizar en Gmail o IMAP; eventos de calendario y contactos corporativos.
Lo que se extrae de una foto o un audio pasa directamente al asistente que corresponda, sin volver a escribirlo.
Un asistente puede atender a los clientes de la empresa por teléfono o web, responder con la base de conocimiento y abrirles un reclamo.
Controla la bandeja cada tantos minutos y avisa cuando se acumulan mensajes sin leer.
Se marcan los remitentes que no pueden esperar, y cualquier correo de ellos genera un aviso inmediato.
Registra lo que se envió y, si pasan los días sin contestación, lo trae de vuelta para que no se pierda.
Si una tarea automática falla varias veces seguidas, se pausa y avisa, en lugar de fallar en silencio.
Un asistente que olvida todo apenas termina la conversación obliga a repetirle el contexto una y otra vez, y termina abandonado. Dynamic Legions recuerda en tres alcances distintos, y además acumula conocimiento propio de la empresa.
Recuerda lo que se viene hablando, así que se puede repreguntar sin volver a explicar de qué se trata. "¿Y del mes pasado?" se entiende sin más contexto.
Cuando una conversación se hace larga, el sistema la resume solo: de qué se habló, a qué clientes o personas se mencionó, y si el tema quedó resuelto o sigue abierto.
Ante una consulta nueva busca entre las conversaciones pasadas de esa persona las que tengan que ver, aunque en su momento se hayan planteado con otras palabras.
Aparte del historial, cada asistente tiene una base de conocimiento propia: no guarda conversaciones, sino cómo funciona el negocio. Los criterios internos, las excepciones de cada cliente, el procedimiento que hoy sabe una sola persona.
La búsqueda es por significado, no por palabra exacta. Preguntar "¿cómo le facturamos a un cliente del exterior?" encuentra la ficha correcta aunque esté titulada "Operaciones de exportación" y no comparta ni una palabra con la pregunta.
También recuerda las preferencias de cada persona —cómo le gusta recibir un informe, con qué nivel de detalle— y las respeta con cualquier asistente, no sólo con el que se las dijo.
Lo que el asistente aprendió se puede revisar, corregir o borrar: es información de la empresa, no una caja negra.
Todo lo que se puede pedir por conversación tiene también su pantalla, para quien prefiere trabajar con listados, filtros y formularios.
La aplicación completa, con el chat y todas las pantallas. Es donde trabajan los perfiles administrativos y quienes configuran el sistema.
El empleado escribe al número de la empresa desde su celular, como le escribe a cualquiera. El sistema lo reconoce por su número y le responde igual que en la aplicación.
Acepta texto, notas de voz, fotos y archivos. Un audio dictado camino a una visita se transcribe, se entiende y se convierte en horas cargadas o en un recordatorio.
Esto resuelve la objeción más común de cualquier implementación: que la herramienta termine sin usarse. No hay que instalar nada, ni aprender una interfaz nueva, ni recordar otra contraseña.
Para que una empresa se anime a conectarle sus datos de verdad, el sistema tiene que saber qué le corresponde a cada persona. Cada asistente se arma en el momento con las herramientas que ese puesto autoriza — y con ninguna más.
Los puestos del cuadro son un ejemplo: se configuran a la medida de su organigrama y se ajustan cuando la estructura cambia, sin tocar el sistema. Lo mismo vale para el resto: qué asistentes existen, qué herramientas tiene cada uno y cómo responden se cambia por configuración, sin interrumpir el servicio.
Cada empresa opera sobre un espacio de datos separado, con sus propias tablas, su base de conocimiento y sus conexiones dedicadas. La información de una compañía no se cruza con la de otra.
Cada cambio en un reclamo, cada aprobación de horas y cada anulación de factura queda asentado con su responsable y su fecha.
La plataforma mide y muestra el consumo: cuánto se usó, en qué asistente y qué costo representó en el período. Es información que usted ve, y con la que puede verificar cualquier excedente que se le facture.
También sirve para entender qué áreas le están sacando provecho real a la herramienta y cuáles todavía no.
Empresas de rubros distintos operando hoy en producción, cada una con sus datos separados.
Asistentes especializados, cada uno con su terreno y sus herramientas.
Herramientas concretas: cada una hace algo, no sólo lo explica.
Canales en funcionamiento: la aplicación web y el teléfono.
La demostración la hacemos sobre un caso real de su empresa: ustedes eligen algo que hoy implique pedírselo a alguien y esperar, y lo resolvemos en vivo. Es la forma más rápida de ver si esto les sirve, sin comprometer nada.